El Lado Oscuro de la Crianza Respetuosa

Cuando nos convertimos en padres y madres algunos decidimos no repetir con nuestros hijos los traumas que vivimos de niños. Decides no dejarlos llorar sin un consuelo, decides no pegarles, decides no herirlos con tus palabras, decides  amamantarlos o darles mamadera con amor, decides dormir con ellos, decides acompañarlos cada día, decides quedarte en casa o trabajar con ellos, decides CRIARLOS, decides sanar tu  niño interior.

Decidir parece ser el trabajo más duro, el  enfrentarte contigo mismo y tomar las riendas de este caballo  salvaje de la crianza, lo miras a los ojos, lo tocas, entran en confianza y deciden que juntos están listos para cabalgarlo. Tienes las riendas en tus manos pero aún tira fuerte, va rápido, te caes al piso, te levantas y lo montas de nuevo.

Así vi la crianza por primera vez…

El ver a tus hijos crecer sin parar, conocerlos y conocernos en este nuevo rol, aprender y enseñar, jugar como niños, tener montañas de ropa  y platos por lavar, levantarse tarde, aprender a caminar esta vida al ritmo de ellos, aprender a dormir tanto ellos como  nosotros, aprender a escuchar, aprender muchas cosas que ni siquiera sabias, como sacar gases, bañar un bebé que parece tan frágil y hasta sacar un tiempo para ti.

Dedicarse a criar te hace aprender, desaprender, te hace uno solo con tu hijo, te conviertes en un ser simbiótico, te vuelves madre o padre de muchos otros.

Y bueno todo va bien hasta cuando alguien decide observarte y te dice que lo estas haciendo mal, que se hace así y asá o que por que no haces esto o aquello, sembrando en ti la semilla de la culpa y de la inseguridad, nos sentimos como tierra negra en el jardín aplastada por las pisadas de unos tantos que no supieron  ver los brotes de sabiduría que germinaban allí.

Inconscientemente la familia suele ser unos de los primeros bancos de las malas semillas, siembran en ti la semilla de un parto tortuoso, siembran  la semilla del fracaso de una lactancia que pudo a ver sido exitosa, siembran la semilla de malcriar a tu hijo por cargarlo tanto, siembran la semilla del maltrato hacia tu hijo por que unas nalgadas no le caen mal, siembran la semilla urgencia por llevar a tu hijo a una guardería para que puedas retomar tu vida “normal”, siembran la semilla del desapego para que tu hijo sea independiente, siembran la semilla del niño caprichoso por responder con amor a lo que tu hijo te pide, siembran la semilla de la preocupación innecesaria, siembran la semilla de la sensación de estar haciéndolo todo mal, siembran la semilla del querer renunciar de rendirse del no poder más… siembran la semilla en ti sin preguntar.

Uno de los momentos mas duros  después de dos años de  crianza fue el enfrentarme a las falsas idealizaciones que había hecho sobre mi familia frente a la manera de la que decidí criar a mi hija, lo daba por sentando, pensaba que lo respetaban y lo compartían pero no era así, rompí en lagrimas como una niña.  El comienzo fue cuando decidimos que nuestra hija naciera en casa por no querer vivir de nuevo la violencia obstétrica y una fría bienvenida a la vida como lo fue con mi primer hijo, para luego verlo morir a sus 12 días de nacido. Decidí cargar a mi  hija desde que nació, decidí amamantar a libre demanda aún sabiendo que estaba embarazada de nuevo, decidimos que nuestra hija hiciera parte de cada aspecto de nuestras vida, decidimos trabajar medio día junto a mi compañero para alternarnos las jordanas  para no tener que tercerizar el cuidado de nuestra hija, no les niego que es todo un reto. Decidimos no llevarla a la guardería y educarla en casa, decidimos alimentarla con una dieta vegetaría al igual que nosotros, decidimos amarla incondicionalmente a pesar de todos los miedos que se siembran en nuestra familia, aprendí a identificar cuales miedos me pertenecían  y cuales no.

Hay un hermoso proverbio africano que pusimos en la tarjeta de invitación de la bienvenida de nuestro primer hijo que decía “Se necesita una aldea para criar a niño”.

Decidimos criar inspirados en esto sin conocer teoría alguna sobre crianza respetuosa.

Y es ahora que puedo ver como se ha transformado este sentir de querer criar a mis hijos en una aldea, el significado real de eso. El trabajo duro de tejer una comunidad, una hamaca que te sostenga emocionalmente a ti y toda tu familia cuando lo necesiten. Una aldea que te hable y corrija amor, con tacto, que te enseñe haciendo no instruyendo. Donde puedas mostrar quien realmente eres sin miedo a compartirlo a expresarlo en respeto frente al abanico infinito de  tipos de crianza.

Deseo de todo corazón que todas las familias podamos sentirnos acogidas en el calor humano de una aldea donde podamos criar en su máxima expresión, deseo que mis hijos puedan crecer en la compañía de otros tantos, que se exploren, que sus almas y las nuestras se enriquezcan de humanidad.

Karen Lorena Vega Cubides
Madre de Índigo, Nila e Ita, Fotógrafa, A. Enfermera y Asesora de Porteo Internacional  FTZB BabyTragen Alemania.

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